Artículo de José Ramón Navarro Vera, publicado en Diario Información el 16 de Enero de 2011.
El título de este artículo tiene, intencionadamente, dos significados, uno metafórico y otro real. El primero remite a la idea de que la ciudad, cualquier ciudad, se puede constituir desde múltiples enfoques, atributos o perspectivas, cada una de las cuales la contendrían; mientras que el segundo significado se refiere a que en el mundo contemporáneo difícilmente una ciudad de tamaño medio como Alicante puede prosperar si no busca su fortaleza incorporándose a una red de ciudades. Aprovechando la cercanía de las elecciones municipales, ante las cuales se suele desperezar algo la atonía política y ciudadana en torno al debate urbano, he elegido este título para iniciar una serie de artículos sobre esta ciudad.
El título de este artículo tiene, intencionadamente, dos significados, uno metafórico y otro real. El primero remite a la idea de que la ciudad, cualquier ciudad, se puede constituir desde múltiples enfoques, atributos o perspectivas, cada una de las cuales la contendrían; mientras que el segundo significado se refiere a que en el mundo contemporáneo difícilmente una ciudad de tamaño medio como Alicante puede prosperar si no busca su fortaleza incorporándose a una red de ciudades. Aprovechando la cercanía de las elecciones municipales, ante las cuales se suele desperezar algo la atonía política y ciudadana en torno al debate urbano, he elegido este título para iniciar una serie de artículos sobre esta ciudad.
Los programas y las propuestas de los partidos políticos suelen estar demasiado polarizados en cuestiones puntuales, de tal modo que sus programas electorales se reducen, prácticamente, a meros listados de obras y proyectos, que dejan al descubierto la ausencia de un proyecto de ciudad que es el único que puede justificar dichos programas. Está bien, como hacen los partidos, pasarse por los barrios solicitando a sus vecinos demandas de todo tipo que necesitan ser satisfechas, se trata de una información válida pero que no puede, ni de lejos, suplantar un proyecto de ciudad. Cuando una ciudad dispone de un proyecto global de futuro y una estrategia clara para alcanzar sus objetivos, cualquier acción puntual que se emprenda lleva en sí misma la impronta que se tiene del conjunto de ella, por eso en una ciudad que sabe hacia donde camina no tienen cabida las improvisaciones y es percibida como una unidad en la diversidad.
Un proyecto que rija y oriente el caminar de una ciudad no debe ser algo farragoso y únicamente accesible a unos pocos especialistas, quizás la bondad del mismo se derive de la simplicidad de como esté planteado, contando, naturalmente, con una capacidad de gestión que lo impulse y de una ciudadanía que lo haga suyo. Un ejemplo: el gran cambio de rumbo del Bilbao en los últimos años comenzó en los 70 del siglo pasado, basando su transformación en cuatro ejes prioritarios: la accesibilidad exterior y la movilidad interna de la metrópoli; la regeneración medioambiental y urbana; la inversión en recursos humanos e innovación tecnológica y, finalmente, en la formación de una potente centralidad cultural.
En realidad, el ideario del modelo bilbaíno es un antecedente del que fundamenta los proyectos de ciudad en un mundo contemporáneo cada vez más globalizado y competitivo, ideario genéricamente dirigido hacia la eficiencia económica, la cohesión social y la gestión y construcción de un medio ambiente atractivo. Estos principios deberían de constituir el armazón básico del modelo para Alicante, desarrollándolos pormenorizadamente en objetivos relevantes como los siguientes:
1. Reforzar su papel de capitalidad provincial. En este sentido hay que decir que implantaciones como Ikea pueden aumentar la polaridad de la ciudad pero no su liderazgo provincial.
2. Potenciar la cohesión territorial en el entorno metropolitano Alicante-Elche.
3. Introducir objetivos ambientales en las diferentes políticas sectoriales locales, creando mecanismos y herramientas que facilitan el control y el seguimiento del impacto ambiental de las acciones, planes y proyectos.
4. Una ciudad más competitiva e innovadora en su actividad productiva, con servicios, públicos y privados, de más calidad con atención especial a la oferta turística.
5. Una ciudad más cohesionada socialmente- cuestión agravado por la crisis- y con un compromiso decidido por la profundización de la raquítica democracia local que padecemos.
6. Una ciudad regida por un planeamiento urbano políticamente transparente, profesionalmente riguroso, y socialmente participativo.
7. Resolver e impulsar el eterno reto, no resuelto, de la relación de la ciudad con el mar como recurso ciudadano y turístico.
8. Aumentar la calidad y el confort del espacio público construido desde una visión global e igualitaria para el conjunto del territorio urbano.
9. Garantizar una accesibilidad igualitaria para la totalidad del territorio urbano mediante un transporte público de calidad, desde la idea de que la mejor política de movilidad urbana, y la más sostenible, es la que tiene por objetivo reducir la necesidad de desplazamientos en coche asegurando las relaciones de proximidad.
10. Incrementar y coordinar el potencial cultural de la ciudad, excesivamente disperso en la actualidad, como servicio a la ciudadanía y como recurso turístico. Entre otras cosas, no se entiende que en una ciudad que ha sido, de hecho, bautizada por la Generalitat como "Ciudad del Cine" no haya una sede permanente para la filmoteca.
Estas líneas desarrollan algunos de los seis objetivos globales que deberían presidir un proyecto de futuro para la ciudad: Alicante, ciudad competitiva, igualitaria, cohesionada, coordinada, participativa, y ambientalmente sostenible, y cualquier proyecto o acción puntual que se propusiese debería de evaluarse en función de esos valores.
Acerca de tan traído y llevado problema de la "ausencia de un modelo" de futuro para Alicante, a pesar de ser cierto, cabría preguntarse si en realidad lo que nos ha faltado siempre en esta ciudad ha sido un buen modelo de gobierno municipal que es lo primero que necesita una ciudad para prosperar y no andar "dando tumbos" como nos viene ocurriendo desde hace tantos años. Desde una gobernabilidad municipal seria y al mismo tiempo imaginativa que garantice la participación ciudadana, la gestión de conflictos, la pluralidad, la búsqueda de intereses comunes, etc., aderezados con una dosis de utopía entendida como un encuentro de esperanza con razón, con todo ello, sin duda, encontraríamos entre todos cual es el camino y el destino de esta ciudad.

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